Es raro cuando uno siente la necesidad de hacer aflorar su imaginación, de sacar todo lo que está guardado en nuestras mentes pero no llega la inspiración en el momento preciso. Es una sensación contradictoria el querer explotar todo el pontecial acumulado pero sentir la cabeza vacía como si de pronto todas las ideas huyeran de nuestras manos y no quisieran ser plasmadas ni materializadas.
Bien se dice que el camino al infierno está lleno de buenas intenciones. Cuantos seres brillantes han tenido todas las ganas de aportar, de dar, otorgar sus conocimientos y demás habilidades a la raza humana pero todas esas intenciones no se concretaron porque simplemente las ideas se esfumaron sin explicación alguna, sin motivo aparente dejando a estos grandes sabios en el silencio llevándose sus grandes ideales y pensamientos a la tumba.
Cuantos ideales se han perdido por el temor que las represalias han producido en sus creadores, porque las personas tenemos el gran defecto de castigar y reprimir a los nuevos pensadores porque creemos o nos imaginamos que una supuesta inmadurez de sus ideas nos llevarían por un camino erróneo y sin sentido, cuando en realidad estas mentes jóvenes pueden ser aquellas que nos salven de los tiempos que súbita e inevitablemente se avecinan.
Libremente digo que aborrezco a aquellas personas que no abren su mente a nuevas visiones, a nuevas concepciones de pensamiento, a aquellas personas que toda su vida ha sido gobernada por reglas y hábitos impuestos por los demás y que nunca han expresado su verdadera forma de ser, de pensar, de sentir, de analizar, de razonar, aquellas personas que nunca han estado dispuestas a aceptar nuevos ideales, que se niegan a aceptar que la vida es un constante cambio en el cual tenemos que ver todo desde diferentes ángulos.
Pues este es el momento en que las mentes jóvenes deben expresar sin miedo alguno y sin temor a las burlas, todas aquellas ideas que han ido tomando forma en nuestros cerebros atentos a todo lo que sucede a nuestro alrededor, marcando asi el camino de generaciones futuras, sin aceptar que alguien nos detenga por ser quienes somos, sin aceptar que alguien quiera callar nuestras frases, sin aceptar que alguien quiera marginar nuestros ideales. Pues es ahora cuando nos convencemos cada vez más que con convicción, sin temor y con la frente en alto el mundo puede cambiar.
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